Mercy Tullis-Bukhari. Fuente: read650.com
Mercy Tullis-Bukhari. Fuente: read650.com

Escribir para evadirse y acabar por encontrarse

Mercy Tullis-Bukhari no está cansada. Y tendría todo el derecho a estarlo, pero no lo está. Ella es una de las participantes de Se Buscan Poetas, el club de poesía que solía reunirse en el Bowery Poetry de Manhattan y ahora continúa sus sesiones en línea.
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El pasado domingo 14 de junio y coincidiendo con las protestas que se están llevando a cabo en todo el país como reacción al asesinato de George Floyd, Se Buscan Poetas centró sus lecturas y debate en el racismo. Poetas de todo el mundo unidos contra el racismo fue el título y motivo de su discusión literaria y social.

Pero volvamos a Mercy y a por qué considero que tendría todo el derecho a estar cansada. En estos días, muchos se han tomado en serio aquello de “Sé el cambio que quieres ver en el mundo” y han decidido educarse: se venden más libros sobre racismo que nunca y gran parte de la sociedad se ha echado a las calles. Algo parece haber despertado dentro del tejido social que podría desembocar por fin en el cambio necesario, siempre que el desenlace sea el ideal y toda esta energía sepa encauzarse. Pero todo esto también significa que la gente no blanca que participa de un modo u otro en la vida cultural estos días es constantemente sometida a preguntas sobre cuestiones raciales. El trabajo emocional que significa pasarse todo el día hablando sobre raza es agotador. Soy consciente, y por eso me disculpo de antemano: yo quisiera centrarme únicamente en el magnífico trabajo de Mercy como ensayista, poeta y escritora de ficción, y sin embargo el ambiente que nos rodea me impulsa a incluir en la entrevista este tipo de preguntas. Ella me entiende y bromea sobre cómo se pasa el tiempo ayudando a crear un taller de cultura antirracista por acá, asesorando a una amiga que está escribiendo un libro sobre racismo por allá, participando en un debate sobre racismo por allí… pero por la noche me tomo un tequila y a seguir. Cada cual, según su origen y circunstancias, vive esta revolución de un modo distinto. Mercy se identifica como afrolatina americana criada en el Bronx, hondureña y garífuna de descendencia jamaicana… ahí es nada. A mi pregunta sobre si de entre todas las emociones que le despierta el momento que estamos viviendo está la esperanza, Mercy se para y piensa durante unos segundos, antes de contestar que sí. La razón de esa esperanza son sus hijos, los mismos que han asomado hace unos minutos en la pantalla porque necesitaban hacer una pregunta a mamá. Tengo esperanza porque tengo que tenerla. Tengo que tener esperanza porque tengo que seguir luchando. Me encuentro teniendo las mismas conversaciones con mis hijos que tenía hace treinta años. Tengo que participar en esta lucha para que mis hijos se encuentren el mundo en el que yo quiero que vivan cuando dejen mi casa. En ese aspecto la esperanza es muy importante. Cuando el Doctor King dijo “tengo un sueño” creo que usó esa palabra, “sueño”, porque se trata de algo que siempre estaremos construyendo, aunque constantemente haya piedras en el camino que eviten que podamos alcanzarlo.

Llegué a Mercy por medio de Se Buscan Poetas. Me adentré en su página web con curiosidad y me paré en seco al leer uno de sus poemas: Naming it (nombrarlo). Me impresionó su poderosa prosa poética, lo crudo y directo de su lenguaje, y cómo expresa lo prohibido de la sexualidad femenina y la incapacidad de aludir directamente a ella por miedo a ser tachada de mujer fácil. Enseguida me vi identificada. La mujer que no se disculpa por serlo y habla de su cuerpo abiertamente, lo acepta, al igual que acepta su identidad y su historia. La mujer fuerte, poderosa y consciente de su realidad presente y pasada; de todo aquello que la convierte en quien es: esa es Mercy Tullis-Bukhari. Su identidad no es una identidad dividida, sino enriquecida por todo lo que la compone. A pesar de que la lengua en la que se expresa poéticamente suele ser el inglés, comparte con nosotros este evocador poema en español:

Un Café

A mí,

Me gusta mi café hondureño—

Puro, como la tierra de mis parientes—

Fuerte, como mis antepasados de África—

Rico, como la gente de la tierra de mi país.

Un Café

Que tinta mi taza, por favor

Como mi piel

Como mi historia.

Mercy Tullis-Bukhari

Sabor, raíces, riqueza, origen, historia y color. Color que es necesario ver, porque, como explica Mercy: al decir que no ves el color estás siendo ingenuo, no estás viendo en qué consiste el mundo, estás escogiendo no comprender mi realidad como mujer negra. Estás escogiendo no reconocerme a mí y a mi experiencia.

Desde La Guía Cultural les invitamos a ver, celebrar y proteger el color y la diversidad. Y a seguir con atención a Mercy Tullis-Bukhari, que en estos momentos tiene una novela entre manos, así como a todos los artistas que componen la iniciativa Se Buscan Poetas en la que están invitados a participar. Ya saben que la poesía es un arma cargada de futuro, y cuanto más color tenga ese futuro, más justo será.

2 comentarios en “Escribir para evadirse y acabar por encontrarse”

  1. Me ha encantado leerte! Que bueno es verte escribir y disfrutar de lo que acontece en tu cabeza. Mucho éxito y mil besos! 😊😘😘

  2. Gracias, Ángel. ☺️
    Es un placer entrevistarse y escribir sobre gente como Mercy, Daniela, Carlos y todos los que vendrán.
    Sigue atento a La Guía Cultural, que sé que la literatura es lo tuyo. 😉
    Un abrazo,

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