A swim suit fashion show at the Hudson's Bay Company May 31, 1932
A swim suit fashion show at the Hudson's Bay Company May 31, 1932. Fuente: WikiCommons.

¿Quieres entender el futuro? ¡Revisa el pasado!

Cuando era adolescente y asistía al colegio, lo que menos pensaba era en cuándo o cómo utilizaría los conocimientos adquiridos en clase, especialmente los aprendidos en Historia Universal. Muchos años más tarde, y escribiendo este artículo, ese cuándo y cómo se hicieron presentes.
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Justo a tiempo y para “ecualizar” la incertidumbre y ansiedad que el famoso período de cuarentena puede generar, los creadores de La Guía Cultural me invitaron a escribir sobre los diseñadores de moda latinos más influyentes de Nueva York. Así fue que comencé a analizar el tópico y no me resultó para nada descabellado conectarlo con la famosa Revolución Industrial originada en Inglaterra entre mediados del siglo XVIII y mediados del siglo XIX. Por ser fenómenos que suceden en espacio y tiempo muy diferentes, a simple vista parecen inconexos entre sí; sin embargo, están profundamente enlazados.

Es que en esta revolución nació –entre otras grandes invenciones– la máquina de coser, lo que dio origen a la industria textil.

Este cambio radical –que tuvo su impronta en rupturas y virajes drásticos de referentes liberales e institucionales– se caracterizó principalmente por la intensificación de la interdependencia, el capital humano, el sistema laboral y por un éxodo masivo de los habitantes del campo hacia la ciudad: quienes iban detrás de esta inmensa, nueva y nutrida fuente de trabajo industrial. Esto, sumado a las altas tasas de natalidad y a una mayor disponibilidad de alimentos, engendró una gran densidad demográfica. Y aquí ubicamos el gran punto de inflexión, ya que las masas comenzaron a desplazarse nuevamente pero, esta vez, a nivel transatlántico. De 1815 a 1920 emigraron alrededor de 50 millones de habitantes europeos a Estados Unidos y Latinoamérica.

Si el propósito de este artículo es relacionar dicha revolución con el diseño de moda latino actual en Nueva York , puede verse cómo este rompecabezas comienza a tomar forma.

Con el correr de las décadas y como producto de determinados hechos históricos, se produjeron más oleadas migratorias alrededor del mundo, lo cual generó un mayor dinamismo entre países, especialmente entre los del continente americano.

La industria “fashion” como negocio rentable: la fuente de deseo constante y las necesidades ficticias venían pisando fuerte luego de que finalizara la Segunda Guerra Mundial, pero fue en los años ochenta que aceleró sus pasos de manera extremadamente acelerada y firme. ¿Y qué país fue el principal protagonista de esto?: Estados Unidos, una pieza esencial para consumar este rompecabezas.

Entonces, al identificar a Estados Unidos bajo el radar como epicentro creador e impulsor de este inconmensurable consumo y como uno de los principales centros de la moda mundial, podemos ya vislumbrar, por ejemplo, a una talentosa Carolina Herrera, quien comenzó con su firma en Nueva York hacia 1980. Tanto ella como Oscar de la Renta y Narciso Rodriguez son probablemente los tres clásicos ejemplos de diseñadores latinos o descendientes directos de latinos que han triunfado en Nueva York durante décadas.

Actualmente, nos encontramos con nuevas y también ya establecidas generaciones de diseñadores que han recorrido este complejo y frenético camino y aún lo siguen haciendo. Nombres como Francisco Costa, Maria Cornejo, Carlos Campos, Alexis Bittar, Raúl Penaranda y Edgardo Osorio entre los más destacados, siguen desarrollando sus propias líneas o se desempeñan como directores creativos de reconocidas firmas internacionales.

Detrás de cada diseñador de moda latino que triunfa en Nueva York se esconde una historia única: desde aquel que se mudó a Estados Unidos buscando un futuro mejor –pasando por el descendiente de inmigrantes con un sólido background latino– hasta llegar al clásico espíritu insaciable que quizá tuvo la oportunidad de estudiar Diseño de Moda en Europa u otra ciudad del mundo para luego desembarcar en tierras neoyorquinas y así desplegar todo su arsenal creativo e inspirador.

Ahora sí, rompecabezas: finalizado; y contenidos aprendidos en alguna clase de historia: utilizados.

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