Frida Kahlo

El adiós de Frida Kahlo: La polémica salida de la Colección Gelman hacia España

Tras décadas de ausencia, las obras maestras de Kahlo y Rivera atraen multitudes en México mientras crece la indignación por su inminente traslado a manos de la banca española.
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El Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México vive jornadas históricas con filas que serpentean por el Bosque de Chapultepec. Más de 120,000 visitantes han acudido en semanas recientes para reencontrarse con la Colección Gelman, un tesoro del arte del siglo XX que incluye piezas icónicas de Frida Kahlo como “Diego en mi pensamiento”. Sin embargo, el entusiasmo de los asistentes está teñido de melancolía y una creciente furia social; tras casi veinte años de no ser exhibida en suelo mexicano, la muestra tiene fecha de caducidad: en julio, las 70 piezas cruzarán el Atlántico hacia España.

La controversia estalló tras revelarse que la familia Zambrano, actual propietaria de la colección originalmente reunida por los emigrantes Jacques y Natasha Gelman, pactó con el Banco Santander el traslado de las obras. Según el acuerdo, el acervo será gestionado por la institución bancaria y exhibido en el nuevo museo Faro Santander, en el norte de España. Esta decisión ha movilizado a la élite cultural de México, incluyendo a casi 400 académicos y artistas que firmaron cartas de protesta denunciando que el movimiento priva a las nuevas generaciones de su derecho al acceso a la cultura y vulnera el espíritu con el que la colección fue concebida.

El conflicto ha escalado hasta el Palacio Nacional, donde la presidenta Claudia Sheinbaum defendió la legalidad del convenio. Ante las críticas que sugieren un incumplimiento de las leyes de patrimonio —las cuales protegen la obra de Kahlo bajo la categoría de “monumento artístico”—, Sheinbaum aseguró que el proceso cumple con los marcos legales y desestimó las quejas, atribuyéndolas a sectores que buscan confrontar a su administración. No obstante, expertos en política cultural señalan que, aunque la ley permite préstamos internacionales por hasta dos años, existe el temor fundado de que la estancia en el extranjero se prolongue indefinidamente mediante renovaciones sistemáticas.

Desde la perspectiva legal, el caso es complejo. Aunque defensores de la voluntad de Natasha Gelman afirman que su deseo siempre fue mantener la colección en México, el testamento de 1993 otorga facultades que los Zambrano están ejerciendo tras haber adquirido el acervo en 2023. El valor de la colección, asegurada por cifras que rozan los mil millones de dólares, la convierte en un activo inalcanzable para el Estado mexicano. Como señala el historiador James Oles, si el gobierno quisiera garantizar la permanencia pública de una Frida, tendría que competir en un mercado donde un solo autorretrato se subastó recientemente por 55 millones de dólares.

Mientras las autoridades del INBAL prometen que las obras volverán en 2028, el escepticismo reina entre la comunidad artística. Para muchos, la salida de la Colección Gelman es el síntoma de una nación que, pese a venerar la imagen de Kahlo en cada rincón, no posee los recursos —o la voluntad política— para rescatar su legado físico de los intereses privados. Por ahora, a los mexicanos solo les queda aprovechar las últimas semanas de la exposición, contemplando de cerca los trazos de Frida antes de que su mirada, hoy colgada en el Paseo de la Reforma, pase a habitar una bóveda o una galería a miles de kilómetros de casa.

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