Lolita Flores en Poncia
Lolita Flores en Poncia

Poncia: un spinoff onírico del personaje lorquiano

En ‘Poncia’, el autor Luis Luque revive a la entrañable sirvienta de La casa de Bernarda Alba y Lolita Flores se encarga de interpretarla en escena.
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Con Poncia, el dramaturgo Luis Luque se adhiere a una de las tendencias actuales en la industria del entretenimiento: perpetuar las historias conocidas a través de precuelas, secuelas o nuevas historias sobre algunos personajes. Y es a esta exploración de antecedentes y motivaciones individuales de los protagonistas a lo que en inglés se le denomina: spinoff, término compuesto de las palabras spin (giro o vuelta) y off (separar). Es decir, un relato que apuesta por una escisión de la historia original pero con los mismos personajes.

Y si alguien deseó saber cómo sería la vida en la casa de Bernarda Alba tras la intempestiva muerte de Adela, muchas respuestas se encuentran en este montaje que ahora se presenta en el Teatro Bellas Artes de Madrid. Poncia es un monólogo conformado de distintos momentos donde cada escena plantea conversaciones que la protagonista sostiene con los diversos personajes de la enlutada vivienda. Un ensamble de diálogos enunciados solo por Poncia pero que dan cuenta del presente, pasado y futuro de la trágica historia.

De este modo, el inicio de la obra de Luque muestra a una Poncia que se dirige a la recién fallecida Adela justo debajo de una lluvia de cenizas, simbólico remanente del fuego ardiente de la pasión de esta “hembra valiente” que se atrevió a desafiar a la matriarca y sus férreas tradiciones. Después vendrán más delirantes conversaciones y diatribas donde Poncia espetará sin tapujo alguno su resentimiento contra Bernarda Alba; su respeto por la cordura de la abuela María Josefa, quien siempre supo augurar la desventura; el desprecio que siente por Pepe el romano, a quien ha jurado matar si alguna vez lo encuentra; les dirá también unas cuantas verdades a las cuatro hermanas que siguen bajo el techo de la matriarca.

En dicha escena, Poncia les sirve un vaso con leche a cada hija de Bernarda y lo hace con una desquiciante parsimonia que le permite ir echándoles en cara sus defectos. En otro cuadro, la sirvienta se remonta a su juventud, recuerda al hombre que amó y al erotismo de aquella primera vez que su cuerpo penetró en el mar y viceversa. No hay secuencia en las escenas, la estructura del discurso teatral es poliédrica: cada conversación revela diversos aspectos de la casa y sus habitantes. Mas la propuesta escénica va llena de luz y libertad, oponiéndose diametralmente al agobiante y oscuro ambiente que García Lorca propone en su historia original.

El espacio escénico en Poncia es volátil y cambiante, compuesto por una serie de cortinas de tricot cuyo acomodo y alineación se modifica en cada escena: bien pueden hacer una habitación o convertirse en las sábanas limpias que deben doblarse. En otro inspirador momento, estas cortinas se transforman en la espuma de las olas del mar que lame la piel de la joven Poncia. Esta creación de telones de Monica Boromello se combina con el diseño de iluminación de Paco Ariza para elaborar los ambientes anímicos que precisa la obra.

Poncia tiene en Lolita Flores una excepcional intérprete cuyo dominio del personaje es completo y minucioso. Cada inflexión de la voz se ha estudiado para conmover y todo movimiento ha sido meticulosamente calculado. Flores es austera y rigurosa por lo que sus 70 minutos sobre el escenario son aprovechados eficientemente. Es notorio que tiene a su personaje bien dominado, pues lleva haciéndolo desde hace un par de años. Por su parte, el talento de Luque es innegable, su texto es erudito e inteligente: retoma los diálogos e ideas lorquianas y añade las propias de forma sutil, creando así un verdadero homenaje a la genialidad del autor andaluz.

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