El público neoyorquino conoce la ardua labor que conlleva salir de gira internacional con una obra y, por ello, tiene un buen aprecio de los montajes que llegan de otras naciones a presentarse en los escenarios locales.
Estas obras que llegan al teatro hispano de Nueva York se atesoran ya sea porque permiten escuchar aquellos acentos que resuenan al hogar lejano o porque traen una visión contemporánea del país que se dejó atrás. Pero su enorme valía es que convocan al asistente teatral a recodar aquellos aspectos que conforman esa identidad colectiva del hispanohablante.

Este verano, el Repertorio Español presentó PRÓXIMO del autor argentino Claudio Tolcachir, que fuera estrenada por el Complejo Teatral de Buenos Aires el 8 de junio de 2017, en el Teatro Sarmiento y que vino a Nueva York con su elenco original: Santi Marín y Lautaro Perotti. Esta presentación resulta invaluable para la comunidad hispano-neoyorquina, cuya audiencia siempre acoge estas incursiones con entusiasmo y brinda a muchos de sus miembros la oportunidad de ampliar su visión teatral.
Un aspecto curioso de esta obra es que además de plantear diversas temáticas contemporáneas, muchas de ellas analizadas en mayor detalle en el artículo Próximo: amor de lejos, amor de… ¿milenials?, adquiere en Nueva York una dimensión especial para el público local, conformado en su mayoría de inmigrantes. Y es que los protagonistas de PRÓXIMO se desenvuelven en un universo flagelado por las consecuencias de la migración obligada.
Uno de los personajes principales, Pablo, es un argentino que llega a Australia en busca de una mejoría económica pero su condición migratoria le impide realizar sus sueños. Así pues, empieza trabajando de afanador en un hospital hasta que recibe una amenaza de denuncia por ser indocumentado; luego, consigue ser dependiente en un negocio de comida árabe y termina su periplo laboral poniéndose una botarga de Bart Simpson para tomarse fotos con los turistas frente a la Ópera de Sidney.
Este pasaje adquiere una trascendencia local cuando se considera que muchos trabajadores hispanos en Nueva York se ganan el pan disfrazándose con esas mismas botargas para apostarse en Times Square… Personajes imaginarios que resuleven una problemática real. Y este detalle de la Gran Manzana, transforma el texto de Tolcachir en una realidad palpable para el espectador y cuando el teatro consigue esa empatía es cuando más conmueve y más cercano te hace sentir.
La triada formada por Tolcachir, Perotti y Marín consiguió con su PRÓXIMO que la audiencia neoyorquina pudiera verse entre sí como PRÓJIMO y esto es el logro más humano de las artes escénicas.










