Todos aquellos fanáticos de la época de Halloween pueden saciar sus ansias terroríficas en los montajes teatrales que ofrece la ciudad de Nueva York. Y uno de estos es Masquerade, la versión inmersiva de El fantasma de la ópera, un musical de la autoría de Andrew Lloyd Webber.
Esto moderno y sofisticado musical, dirigido por Diane Paulus, abandona los cánones tradicionales para conseguir que el público y se convierta en un testigo participante de la historia clásica de Gaston Leroux. Y uno de sus protagonistas es el actor cubano-estadounidese: Francisco Javier González, a quien sus camaradas de la escena llaman cariñosamente, Frankie.
Con una sólida trayectoria en Broadway. Frankie comenta que llegar a Masquerade le tomó dos años desde su audición inicial y que lo hizo sin saber de qué trataría la obra, pues al inicio solo se llamaba: Untitled Immersive Musical Attraction.
“El concepto es que el público ha sido invitado por el propio fantasma a venir a su mascarada. Y entonces la obra la empezamos con un baile de máscaras. Y tú ves, vas recorriendo todo el edificio que tiene como seis pisos y así conoces de dónde viene este fantasma”.

La gente ingresa en grupos de 60 personas y cada 15 minutos hay un nuevo grupo que entra. Y cada actor debe interpretar su para diversos grupos.
“Bueno, yo voy de un show a otro. Así que si tú estás en mi show y no me ves, es porque estoy haciendo el mismo papel para otro grupo. Estoy corriendo entre dos shows la noche entera, por lo que trabajo con dos Christine y dos Fantasmas. Mi participación dura como tres horas; es mucho esfuerzo físico, mucho canto y con diferentes colegas. Además como estamos tan cerca del público, es diferente y tengo que estar muy concentrado en lo que está pasando. No es como si fuera en un escenario normal, estamos a la par construyendo la historia, la estamos viviendo juntos”.

En la propuesta de Masquerade no hay una cuarta pared. Estás al lado de la gente. ¿Cómo se siente eso?
“Te reitero que se necesita mucha más concentración porque son los momentos más pequeños los que le dan más importancia. Tengo que estar presente a lo largo de todo el todo el show y estamos muy conectados con la audiencia. Puedo sentir y tocar al público y viceversa. Las emociones y todo nos sentimos es mucho más íntimo. La obra la ensayamos muchos meses. Al inicio, estuvimos abajo de un catedral en la Décima Avenida; luego vinimos a este edificio y por un mes corrimos el show. Ya luego, hicimos dos meses de funciones de preestreno, donde ensayábamos durante el día y por la noche hacíamos el show para el público”.

Oye, a la gente le gustan las historias de fantasmas. ¿Tú crees que venir a Masquerade es una buena idea durante Halloween?
“Pero cómo no. Hay grandes momentos de susto y de misterio. Pero también tiene una parte romántica, lo que es ideal para disfrutar con tu pareja. Y también se descubre la vulnerabilidad del Fantasma y su soledad. He podido ver las emociones de la gente que llora, ríe y se asusta”.
¿Tú crees que este es un futuro alternativo para los espectáculos teatrales en Broadway?
“Creo que sí, porque en este momento, la gente busca más conexión. En estos días en que estamos todos en el teléfono, la computadora, todo es más distante. Y esta propuesta te brinda una conexión a través de la proximidad”.
El montaje de Masquerade acaba de extender su temporada hasta el 2027 y seguramente, continuará con su exitosa presentación, pues la producción ya maneja una producción en Shanghai, China.










