Jean Smart en Call Me Izzy (Foto: Emilio Madrid)
Jean Smart en Call Me Izzy (Foto: Emilio Madrid)

Call me Izzy: la tragedia del feminismo tardío

La multipremiada actriz, Jean Smart, regresa a Broadway en el devastador unipersonal Call me Izzy, que se presenta en el Studio 54.
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 El montaje de Call me Izzy en Broadway encuentra su vigencia al explicar por qué el apoyo a los valores promovidos por los programas DEI (siglas de diversidad, equidad e inclusión) debe mantenerse como una prioridad para cualquier sociedad contemporánea. Protagonizado por la excepcional Jean Smart, este intenso monólogo es un retrato de aquellas mujeres que fueron sometidas a las peores vejaciones por ser víctimas de una relación marital abusiva.

Jean Smart (Foto: Emilio Madrid)

El teatro del Studio 54 se transforma en un parque de casas rodantes o trailer park, allá por el año 1989 en la remota localidad de Mansfield, Luisiana. Este depresivo asentamiento en un pueblo marginal de un paupérrimo estado de la Unión Americana es el enclave perfecto para albergar la brutalidad humana en su más vergonzosa expresión: el machismo pertinaz derivado del patriarcado recalcitrante. Una condición capaz de corroer a cualquier alma a su alrededor, incluso la propia, y eso es lo que sucede con el personaje de Isabelle, a quien de cariño le llaman Izzy (de ahí el título de la obra).

Jean Smart (Foto: Emilio Madrid)

La protagonista de la historia es una prodigiosa escritora que descubre su habilidad con las letras gracias a la providencial ayuda de una vecina que le tramita una tarjeta de usuario en la biblioteca local y luego la invita a asistir a talleres de escritura creativa. En dichas sesiones, a las que asiste clandestinamente sin el permiso de su marido, Izzy encuentra su voz y vierte sus emociones en composiciones poéticas. Su talento es descubierto al obtener un premio en un concurso literario que le otorga una fuerte cantidad de dinero y la posibilidad de asistir a un taller en Brewster, Massachusetts.

Desde luego, este galardón expone en el pueblo las inclinaciones poéticas de Izzy y ocasiona la furia de su marido, Ferd, quien en un irracional acto termina quemando todos los cuadernos de su mujer. A partir de ese momento, Izzy optará por ocultarse en el baño para escribir durante las noches, utilizando como instrumentos un lápiz delineador para ojos y el papel sanitario; muestra de su inquebrantable voluntad creativa. Al final, tras una serie de infames abusos, Izzy encontrará el valor para romper el círculo vicioso que la sujeta.

Jean Smart (Foto: Emilio Madrid)

Los detractores de la obra pueden argumentar que se trata de un texto predecible escrito desde una perspectiva masculina perteneciente al siglo pasado. Sin embargo, el acierto del dramaturgo Jamie Wax es proporcionar una fiel radiografía de los horrores de estas relaciones… En efecto, es una reflexión tardía puesto que el irreversible daño ya se ha cometido, pero sirve como referencia de todas esas atrocidades que se cometían antaño. Y cuando se suman la sencillez y eficiencia que la directora Sarna Lapine imprime al montaje, más la exquisita actuación de Jean Smart, el resultado es un conmovedor montaje capaz de propiciar amargas lágrimas entre el público asistente.

Jean Smart (Foto: Emilio Madrid)

En momentos donde es difícil encontrar un monólogo que pueda triunfar entre las exigencies económicas de Broadway, Call me Izzy recurre a una ancestral fórmula que mantiene su infalibilidad:  un montaje con recursos sencillos y una nómina reducida. Sustentado, claro está, en un impecable diseño de iluminación (Donald Holder) y de escenografía (Mikiko Suzuki MacAdams), una dirección bien estructurada y la fabulosa actuación de una consumada histrionisa.

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