Fuente: World Music/Global Beats
Fuente: World Music/Global Beats

La salsa cuando Nueva York no dormía

Nueva York ha brillado por muchos años como la capital del mundo. Desde mucho antes de la crisis, y ante el boom económico vivido después de la segunda guerra mundial, su vibrante energía y esplendor fueron los principales seductores de los mejores artistas del mundo.
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Cualquier desprevenido pensaría que la ciudad de Nueva York siempre estuvo deshabitada, como se ve por estos días. Sin embargo, aunque hoy todo esté cerrado, aunque las luces de Times Square, los icónicos monumentos, estadios y restaurantes duerman mientras el mundo entero se las arregla para superar la peor crisis sanitaria y económica en muchas generaciones, a mediados del siglo XX la ciudad de Nueva York ya era considerada la capital del mundo.

A raíz del boom económico que se vivió gracias a los inmigrantes europeos y a los veteranos que volvían de la Segunda Guerra Mundial, esta era la ciudad que nunca dormía. La misma que ahora sufre por ser el epicentro de la pandemia del Covid-19, en los años 50 se enorgullecía de ser el epicentro occidental de la cultura, atrayendo con su vibrante energía a los mejores artistas del mundo. Y fue así como esta diversidad cocinó la mezcla de ritmos musicales, sabores y baile que conocemos como la salsa.

A pesar de que aún se desconoce el origen exacto de la salsa, sí sabemos que procede de una fusión traída por quienes llegaban del África al Caribe, cuando mezclaron sus ritmos con jazz y algo de música europea. Es decir, se trata de una mezcla de ritmos afrocaribeños fusionados con el jazz y otros estilos. Uno de esos ritmos originales es el danzón, un género musical que heredaron los franceses que huían de Haití. Se dice que fueron estos primeros ritmos, mezclados con rumbas como el guaguancó y el sonero, los que dieron vida a estos ritmos afrocubanos propios, entre los que se encontraban el jazz afrocubano, el mambo, la guaracha, el son cubano y el montuno. 

En los años 60, el género ya había llegado a otros países como Colombia y la República Dominicana, pero fue en Nueva York, con la inmigración de exiliados cubanos y puertorriqueños, entre otros, donde se empezó a fraguar la salsa en los barrios latinos, como el Bronx y Harlem. Sin embargo, no fue sino hasta que las estrellas de La Fania All Stars popularizaron el término, como hoy se conoce, que la salsa empezó a causar furor en todo el planeta, convirtiéndose en el fenómeno musical que todos conocemos. 

Con respecto al baile, los pasos de la salsa son los mismos pasos básicos del son cubano que se bailaba en Cuba en los años 30, con un poco de mambo, danzón y rumba. El estilo específico del baile de la salsa de Nueva York tiene sus raíces en el baile latino de los años 60, incluyendo el mambo, la charanga y la pachanga, y se veía en los clubes de Nueva York como el Copacabana. Según dice Derrick León Washington, curador de Rythm & Power: Salsa in Nueva York, una exposición que se realizó en el museo de la ciudad de Nueva York en 2017, “lo que realmente distingue a la salsa de Nueva York es el uso de trompetas y trombones. Los trombones y los cuernos imitan lo que ocurre afuera en la ciudad”, dijo Washington. “No es suave como otros tipos de música caribeña”.

Así que no se sorprendan cuando escuchen desde sus ventanas las sirenas tronando en las calles, o los saxofones tocando a las 7 de la noche, o la gente bailando en las calles a pesar del distanciamiento social. Recuerden que esto es parte inherente al alma de Nueva York; un alma vibrante que no sabe quedarse quieta, buscando expresarse por cualquier rincón y quizás para escapar del dolor, como sucedió con los inmigrantes que llegaron en esa época a los barrios latinos de nuestra ciudad. 

Y si de algo nos sirve, también recordemos que, a pesar del dolor que todos sentimos por ser el trágico epicentro de la pandemia, Nueva York siempre ha ido y siempre irá a la delantera. Por esto sigue siendo la capital del mundo.

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