Una inagotable veta del cine es aquella dedicada a las películas de terror. A tal grado llega su éxito comercial que se transforman en franquicias interminables como Halloween, Scream y, desde luego, Paranormal Activity. Y en una globalizadora propuesta dentro de la industria del entretenimiento, este último título llega al teatro con una expectativa de triunfo semejante.

Como espectáculo teatral, este montaje de Paranormal Activity parece destinado a arrasar con la taquilla del August Wilson Theatre, donde se presenta por una corta temporada (hasta enero del 2027) pero que no tardará en alargarse. Y es que su autor, Levi Holloway, ha tenido el acierto de desligarse de los filmes y desarrollar una trama completamente diferente para la obra de teatro. Con esta brillante decisión, la versión teatral de Paranormal Activity se centra en la relación entre una joven pareja que recién se instala en Londres procedentes de Estados Unidos. La pareja formada por Lou (Cher Álvarez) y James (Travis A. Knight) de inmediato dejan entrever en sus parlamentos que han llegado a la capital británica para un nuevo comienzo tras un pasado escabroso en Chicago.

Si bien el terror en el teatro no es un género muy recurrido, vale la pena mencionar un par de obras que destacan por haber demostrado que no se necesitan de grandes efectos especiales ni de la inteligencia artificial, tan de moda hoy día, para generar miedo en un recinto teatral. Curiosamente, los casos más exitosos son ingleses: La dama de negro, novela de Susan Hill adaptada al teatro por Stephen Mallatratt y dirigida por Robin Herford, que estuvo 33 años en cartelera en el West End, y 2:22 – Una historia fantasmal, original de Danny Robins con dirección de Matthew Dunster.

Paranormal Activity se nutre de sus exitosas predecesoras y logra que su audiencia deje de ser un espectador pasivo y se convierta en un testigo de los fenómenos paranormales. El montaje crea una complicidad que se manifiesta constantemente en las risas nerviosas y los gritos que inundan el recinto. Y es que la iluminación de Anna Watson mantiene en penumbra al escenario y exige que la audiencia haga acopio de atención para poder ver todo detalle. De igual modo, la escenografía de Fly Davis hace una disección de la casa y la muestra como si estuviese partida a la mitad lo que permite observar todo movimiento de sus habitantes, incluso aquellos de ultratumba. Esta radiografía convierte al espectador en un voyerista capaz de atestiguar toda la actividad paranormal en la casa.

La historia avanza a través de viñetas consecutivas que si bien contribuyen a separar la acción, a veces resulta un poco difícil identificar cuánto tiempo ha transcurrido entre escenas. Lo que sí es muy claro es que la trama transcurre cronológicamente, es decir, no hay flashbacks al pasado, en cualquier caso, son los personajes quienes narran los acontecimientos de su vida anterior. Y si estos personajes, Lou y James, se ganan el afecto del público es por la maravillosa labor actoral de Travis A. Knight y Cher Álvarez, quien es de ascendencia mexicana e impregna su papel con la dosis suficiente de expresiones en español para hacer sentir orgulloso al público hispanoparlante y demostrar al resto su herencia latina. Álvarez interpreta su papel con tal destreza que despierta en su audiencia una empatía inmediata y también otorga a su protagonista un nivel de credibilidad que los hace sentir casi como fueran aquellos vecinos que todo mundo conoce.

Sería complicado contar la trama de Paranormal Activity sin revelar las sorpresas y giros de tuerca de la historia que conducen a un deslenlace inconcluso e insospechado. Sin embargo, el primer truco que se despliega en escena es tan inesperado que deja al espectador rugiendo de miedo. Y es que los creadores de la obra emplean las elipsis temporales antes mencionadas para delimitar la secuencia de las escenas y las terminan con una oscuridad absorbente que se adereza con espeluznantes efectos sonoros que cumplen el cometido de generar el suspenso por lo que viene, gran proeza del diseñador de sonido Gareth Fry.
Lo mejor de Paranormal Activity es que todo lo que sucede en escena se resuelve de manera mecánica. Pura teatralidad en su estilo más tradicional: nada de extravagantes y costosos efectos, la simpleza es la clave del miedo. La parte de efectos digitales es muy poca y está utilizada eficientemente, sobre todo en las conversaciones por videollamada que James con su madre. Se trata de un terror que aflora desde las entrañas de las personas, lo que se explicita desde el principio cuando se escucha una voz omnipresente que sentencia: ‘Los lugares no están embrujados, es la gente [la que está maldita]’.









