El afamado Teatro Delacorte de Central Park se prepara para albergar una propuesta escénica sin precedentes con el estreno de Public Record , una ambiciosa producción del Public Theatre dirigida por Emily Lim y el coreógrafo Dan Canham. Tras el éxito de su prototipo inicial presentado el año pasado en la ciudad británica de Sunderland, la dupla de creadores reimagina esta obra comunitaria para adaptarla a la escala y multiplicidad de la Gran Manzana.
A lo largo de cinco funciones consecutivas, un elenco masivo de más de 100 personas —que combina profesionales del espectáculo con voluntarios de entre 7 y 84 años pertenecientes a los cinco distritos— tomará el escenario al aire libre para capturar la memoria viva de la metrópoli.
El proyecto, desarrollado junto a la dramaturga Lisa Sanaye Dring tras casi un año de encuestas y talleres con cientos de vecinos, se estructura conceptualmente a través de un álbum de “12 pistas” que rinde homenaje al concepto de archivo público. La propuesta entrelaza música, danza y palabra hablada para explorar hitos urbanos, mitologías locales y pasajes de duelo o celebración colectiva. Entre las colaboraciones más destacadas figura la participación del colectivo queer Papi Juice junto a la artista Maya Margarita en la sección After Dark dedicada a la vida nocturna, así como la dirección musical de Michael Thurber y aportaciones de figuras clave como Louis Cato y el violinista Arun Ramamurthy.
Uno de los momentos conceptuales más potentes de la obra reside en su relectura del himno de amor a la urbe. Rehusando las versiones convencionales, la producción subvierte el clásico New York, New York con arreglos de jazz latino del maestro Arturo O’Farrill e interpretación en directo de la cantante puertorriqueña Mireya Ramos. Bajo el título Nuevayol —en un guiño al tema de Bad Bunny—, la pieza se canta íntegramente en español para reivindicar el impacto de la comunidad hispanohablante y visibilizar las narrativas migratorias que definen el sentido de pertenencia en la ciudad contemporánea.
Con esta redefinición del uso del espacio escénico tradicionalmente reservado al repertorio de Shakespeare, Public Record se consolida como una celebración del arte comunitario y la diversidad cultural neoyorquina. La obra no solo propone un documento sonoro y humano que quedará preservado para la posteridad, sino que reafirma el poder del teatro para conectar voces heterogéneas en torno a una relación común.










