El condado de Queens que plantea la dramaturga Martyna Majok es un universo poblado solo por figuras femeninas que sobreviven interactuando intensamente en un confinamiento donde la adversidad amenaza con ensombrecer sus empeños de progreso.

Es en un sótano imaginario de una vivienda en Queens donde un grupo de mujeres de todas las edades, razas y raíces lingüísticas convergen para develar sus historias presentes, sus tormentosos pasados y sus más íntimos anhelos y motivaciones. Poco a poco, Majok va presentando a las protagonistas de esta obra coral e indica cómo se relacionan entre sí en una complicada historia que también incluye saltos que van del 2001 al 2011 y llegan hasta el 2017.
Afortunadamente, las elipsis temporales y territoriales son bien ejecutadas bajo la dirección del experimentado Trip Cullman, quien hábilmente conduce la historia y aprovecha las dotes de sus actrices. De igual modo, Cullman logra que los diversos ambientes físicos y morales recreen la emocionalidad de sus protagonistas en las angustiosas situaciones por las que atraviesan. La escena final es un sublime cisma escenográfico que deja a la audiencia sollozando tras una tormenta de reclamos auditivos.

Como se mencionó anteriormente, la historia está conformada con las vicisitudes de los múltiples personajes femeninos de la historia, pero quizá la protagonista sea Renia (interpretada por Marin Ireland) quien aparece desde el inicio y se mantiene en las escenas clave, incluyendo aquella que revela el gran secreto de la vivienda de Queens. Completan ese viaje de integración y asimilación cultural: Inna (Julia Lester), Aamani (Nadine Malouf), Isabela (Nicole Villamil), Pelagiya (Brooke Bloom), Agata (Anna Chlumsky), Lera (Andrea Syglowski) y Glenis (Sharlene Cruz).

Majok describe a detalle la cuota que sus mujeres han tenido que cubrir con el paso de los años, se les ve envejecer, enfermarse, enriquecerse e incluso, reincidir generacionalmente en la misma situación: Isabela abandona EE.UU. para regresar con su hija en Centroamérica y tiempo después la propia hija, Glenis, volverá al mismo sótano de Queens a probar la misma suerte que su progenitora. Pero también algunas encuentran el amor que en sus respectivos países estaría sancionado, tal es el caso de Aamani y Pelagiya.

Lo que sí es notorio en el universo femenino de Queens es la ausencia de las figuras masculinas. Los hombres solo son referenciados como figuras lejanas y distantes, quizá se esboza su maldad que impele a las mujeres a tomar drásticas decisiones. Sin embargo, todas parecieran predestinadas a saltar de la sartén al fuego y a convertirse en sus propias víctimas y verdugos, sin ayuda de los ignorados.
El texto de Martyna Majok se ha sometido a varias transformaciones desde que su primera versión fuese estrenada en el 2018, pero no alcanza aun a crear una historia sólida y contundente sobre la inmigración desde la perspectiva femenina. Por lo que este reciente montaje del New York City Center se limita a reflejar la angustiante desesperación de sus personajes, ya sea aquellas recién llegadas con todas sus ilusiones o las veteranas residentes de sueños frustrados, pero esta poliédrica perspectiva se vuelve solo un ensamble coral que amalgama penurias y diluye individualidades.










