La estrella del pop española ha dejado una huella imborrable en Nueva York tras su paso por el emblemático Madison Square Garden con su aclamada gira estadounidense Lux. El espectáculo, estructurado minuciosamente en cuatro actos independientes, se presenta como una vanguardista declaración artística que diluye las fronteras entre disciplinas tradicionales y contemporáneas. Lejos de utilizar los elementos clásicos como una simple pose estética, la cantante ha sorprendido tanto a la crítica como a la audiencia al aproximarse al ballet, a la ópera y al flamenco desde el respeto, la devoción y un evidente entrenamiento técnico.

El concierto arranca con un audaz despliegue de ballet clásico en el que Rosalía, ataviada con un imponente tutú al estilo Degas, ejecuta complejos pasos en puntas, arabesques en pareja y fluidos movimientos de brazos inspirados en el repertorio tradicional. Esta inmersión dancística complementa a la perfección la esencia de su álbum homónimo Lux, un proyecto sumamente ambicioso en el que la artista canta en trece lenguas diferentes e incorpora complejas texturas operísticas. El resultado es una experiencia conceptual de alta costura musical en la que las exigencias físicas de la danza se convierten en el análogo perfecto de su exploración vocal.
La producción del show cuenta con un equipo coreográfico de primer nivel que incluye al colectivo francés (La)Horde —directores del Ballet National de Marsella—, la reconocida coreógrafa Charm La’Donna, el director visual griego Dimitris Papaioannou y el bailaor José Maya. Esta diversidad de visiones permite que el espectáculo transite con naturalidad desde la solemnidad celestial de la apertura hasta la atmósfera oscura e industrial de su tema electrónico “Berghain”. Además, la puesta en escena recupera el espíritu lúdico de su era Motomami con éxitos de reggaetón como “Saoko”, complementados con trucos visuales que ya se han vuelto virales en plataformas como TikTok.

El trasfondo flamenco de Rosalía actúa como el eje conector de toda la velada, dotándola de una fuerza física y un control corporal que le permiten dialogar cara a cara con su versátil elenco de bailarines, compuesto por antiguos miembros de prestigiosas compañías de danza contemporánea. Tras un emotivo clímax visual que evoca la icónica e imposible fragilidad de El lago de los cisnes, el concierto cierra consolidando a la intérprete como una creadora incansable. Lux no es solo una gira de estadios, sino una celebración de la virtuosidad ganada a base de esfuerzo, donde la dificultad técnica se transforma en una experiencia artística total.










