El musical Saturday Church es una extravagante fábula que aborda importantes temáticas como la orientación de género y la religión, pero desde una postura divertida y poco convencional, propia de la actualidad que impera en este momento del siglo. Y pocos recintos poseen la convicción de apoyar estos montajes como lo tiene el New York Theatre Workshop (NYTW).

En la historia el personaje principal es Ulises (un incomparable Bryson Battle) un adolescente de 14 años que -fiel a su nombre- emprenderá un viaje que lo llevará en búsqueda de su verdadera identidad mientras navega por los mares de los lazos familiares, la devoción religiosa y su recién descubierta afición por el maquillaje drag y los salones del ballroom neoyorquino; sin embargo, la jornada no será tan fácil. Recién huérfano de padre, Ulises queda al cuidado de dos parientas que -sin saberlo- determinarán su futuro tras la pérdida moral: su madre Heaven (Cielo, interpretada por Anaia) quien consuela su duelo refugiándose en el trabajo y la tía Rose (la excepcional Joaquina Kalukango) que se ha convertido en un ‘ratón de sacristía’ para compensar la pérdida de su hermano.

Saturday Church es una adaptación del filme homónimo de 2017, escrito y dirigido por Damon Cardasis. Y lo curioso es que su creador basó la historia en anécdotas de un programa comunitario LGBTQ+ llamado Arte y Aceptación, que organizaba la Iglesia de St. Luke in the Fields, ubicada en el West Village de Nueva York. Y puesto que la historia es completamente neoyorquina, Ulises conoce a Raymond en un vagón del metro de la línea D y a partir de allí los chicos vivirán un intenso romance adolescente que deberá soportar grandes pruebas. Una de ellas será congraciar la postura de vida de Raymond (Jackson Kanawha Perry) quien sobrevive prostituyéndose a la de Ulises, que es completamente opuesta por ser hijo de familia.

Pero la fantasia más entretenida son los diálogos que sostiene Ulises cuando se le aparece un Jesucristo negro –Black Jesus, que es un concepto manejado por la comunidad afrodescendiente- para darle consejos. El personaje de Black Jesus y el del pastor Lewis son interpretados por J. Harrison Ghee, el primer actor no-binario en ganar un premio Tony; un delicioso contraste actoral que destaca las cualidades interpretativas de Ghee. Desde luego, el Jesucristo negro se aparece con elaboradas vestimentas drag propias de las pasarelas del ballroom: pelucas, capas, tacones y plataformas, todo en brillantes colores y relucientes neones.

La inteligente dirección de Whitney White hace muy afectiva la partituras trabajadas por Sia (música) y Damon Cardasis y James Ijames (libreto y letras adicionales). La escenografía contiene dos grandes tarimas móviles que se van desplazando de posición para conformar ya sea las paredes de las iglesias, los muelles del río o la pista del concurso de ballroom. Como es de imaginarse, Ulises terminará encontrando su identidad al combiner su amor por cantar en el coro de la Iglesia y desfilar en las pasarelas de los certámenes de belleza.
Aunada a la popular figura musical de Sia, la presencia de estrellas ganadoras del Tony, Ghee y Kalukango, es otra de las fortalezas del montaje que podría propiciar su transferencia al circuito mayor de Broadway. E incluso sería muy interesante ver a dos producciones que hacen alusión a la cultura del ballroom neoyorquino: la nueva versión de Cats: The Gellical Ball (que ya está gestionándose) y esta Iglesia Sabatista.

El mensaje de Saturday Church es sencillo y tiene resonancia en la audiencia: sé tú mismo y siempre prodiga amor. En la función a la acudí, tocó que tras la presentación se celebrara la Noche del Teatro Negro en el NYTW. Quizá por esta coincidencia, el público era predominantemente afrodescendiente y participaba activamente durante el montaje, interactuando y reaccionando ante los diálogos de los histriones. Una experiencia algo desconcertante pero única e interesante de presenciar.










