Carl Holder (Foto: Rebecca J Michelson)
Carl Holder (Foto: Rebecca J Michelson)

Out of Order: deconstruye el monólogo cómico

En su montaje de Out of Order, el dramaturgo Carl Holder explica cómo superó su bloqueo creativo derivado de una crisis por la edad madura.
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Si se intentara clasificar al espectáculo Out of Order, el resultado podría resultar fútil, pues se trata de un monólogo de comedia que no tiene una estructura dramática definida y también es un show con tintes biográficos pero con un orden aleatorio. Quizá lo más acertado sería describirle como una presentación de stand-up deconstruido.

Carl Holder (Foto: Rebecca J Michelson)

Desde la selección de su recinto, Out of Order ha roto con lo tradicional: el East Village Basement es, literalmente, un sótano que ha sido acondicionado a manera de espacio escénico; solo unas cuantas sillas se colocan contra las paredes, restringiendo el cupo a unas veinte personas. Además, el precio de los boletos se cotiza de acuerdo con el día de la presentación, un boleto en lunes es más barato que uno de fin de semana. Y antes de que inicie el show, el público es convidado a comer palomitas, rosetas, pochoclo o popcorn, a fin de ir preparándose para un ambiente de espectáculo.

Carl Holder & Simon Henriques (Foto: Rebecca J Michelson)

Contrariamente a lo que su título sugiere (Fuera de orden sería su traducción literal), la estructura del show sí está sujeta a un orden aleatorio que no se debe confundir con la improvisación: antes de que el artista aparezca en escena, un miembro del público tira de un cordón y de una caja caen varias tarjetas en un tazón… Y es así como se dispone del guion que deberá seguir el actor durante su monólogo, las conminativas tarjetas le van indicando lo que debe hacer. Por lo tanto, los diversos tópicos que se tocarán a lo largo del show se van representando conforme salgan en las tarjetas escogidas.

Carl Holder (Foto: Rebecca J Michelson)

Es así que el público conocerá la historia sobre un granjero y sus animales, se adentrará en algunas anécdotas personales y llegará hasta la intimidad de conocer sus estados de cuenta bancarios. Pero Holder tiene un rango de actuación muy amplio que le permite hacer comedia física, cantar, bailar y, desde luego, conmover. Como es de imaginarse, algunos fragmentos están mejor logrados que otros: un interés personal sesgó mi atención al segmento de una clase sobre cómo escribir una obra de teatro dramático. Y los asistentes parecían estar muy a gusto con los brillantes momentos de complicidad que se vuelven los más emotivos pues sin percatarse, el público se va adueñado paulatinamente del discurso teatral.

Carl Holder (Foto: Rebecca J Michelson)

En la función presenciada, tocó que el final se representara a poco de haberse iniciado la obra; sin embargo, gracias a las nuevas tecnologías, el momento se revive justo cuando se necesita. Pero hay algo más: la efectividad de la propuesta radica en que hacia el término del espectáculo, la inclusión e interacción con el público es tan grande que ellos se adueñan del show y Holder acaba desapareciendo de la escena, literalmente.

El ejercicio teatral de Out of Order demuestra el oficio de su creador, quien desde un principio establece que si no lograse completar las escenas marcadas por las tarjetas, se retirará por completo del teatro. Afortunadamente, Holder cumple con creces su labor de histrión y confirma que el Off-Broadway siempre está lleno de gratas sorpresas escénicas.

 

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