Hay dos aspectos que resultan de interés en La linda tierra que busco yo (The Beautiful Land I Seek) el trabajo más reciente de Matthew Barbot, dramaturgo de ascendencia boricua nacido en Brooklyn: su interés por delinear una identidad puertorriqueña y el empleo del bilingüismo para lograrlo.
Para el primer tópico nada más acertado que elegir como sede de la obra al Teatro Pregones/PRTT, una institución cuyo interés siempre se ha afiliado aquellos de la diáspora boricua. Y quién mejor que José Zayas para dirigir este montaje pues su labor en las tablas destila una intensa esencia caribeña mezclada con una buena dosis de la modernidad que una vida continental implica. Desde luego, el elenco también es origen puertorriqueño o niuyorrican lo que dota a la obra de una incuestionable autenticidad.

La historia de La linda tierra que busco yo es sencilla: durante la década de los 50 un par de nacionalistas emprenden un viaje en tren hacia Washington DC con el objetivo de asesinar al presidente Truman. Solo que este mágico trayecto los enfrentará a los fantasmas del pasado y el futuro del pueblo boricua. Una especie de railroad trip donde el camarote del tren es un portal hacia la historia y sus protagonistas convergen para compartir sus convicciones con los activistas. Este ilustrativo y delirante viaje transformará la postura de ambos activistas y propiciará que -junto con la audiencia- cuestionen su misión e ideales.

Y la otra parte divertida parte de esta febril aventura es que sus personajes transitan libremente del inglés al español para enunciar sus pensamientos y parlamentos… Llega un momento en que los propios protagonistas no saben si están pensando en español y hablando en inglés o viceversa. Y en un ejemplo envidiable de deliciosa complicidad, la audiencia (con suficiente dominio de ambos idiomas) tampoco distingue las lenguas. No importa cómo, el mensaje mensaje llega y cumple su cometido: perpetuar la identidad nacional.

Barbot juega con sus diálogos: bilingües… binacionales… bisiestos… y con sus ideas: pasado, futuro, absurdo, congruente… El ludismo se extiende a sus referentes: los dos espías se transforman en Vladimir y Estragon de Esperando a Gogot; pero también son Rosencrantz y Guildenstern de Tom Stoppard. Colonizadores y colonizados conviven en el camarote mágico que se convierte en un portal a la sempiterna dialéctica de la identidad puertorriqueña: estatidad o soberanía.

Pero la mano experta de Zayas nunca permite que este vagón se descarrile. Sus actores son dirigidos con precisión quirúrgica para aprovechar timing y vis cómica: Lolita Lebrón, María de West Side Story, Alexander Hamilton, Cristóbal Colón y el propio autor aparecen a cuadro, provocando que el estático y limitado espacio físico supere la monotonía de su rítmico movimiento. Las proyecciones digitales se emplean para recrear ambientes fuera del vagón del ferrocarril y su efecto es el indicado. Zayas se toma muy en serio la comedia y, gracias a ello, lo que pudiera ser un adoctrinante texto se transforma en una profunda reflexión salpicada de buen humor. La risa es un disfraz infalible para la crítica más mordaz.

La linda tierra que busco yo es una producción en colaboración con Latinx Playwright Circle y Fault Line Theatre, que se vuelve propuesta necesaria para entender la situación de toda la comunidad hispana en un momento crucial en la actualidad de los Estados Unidos. Pues la condición de todo migrante bien puede ser un viaje en tren donde todo pasajero deja una huella antes de llegar a su destino.










