El solo título de The Other Americans –Los otros americanos si se pusiera en español- revela de inmediato la marginalidad a la que algunos grupos de la sociedad estadounidense están condenados: nosotros y los otros.

Desde luego, esa otredad lleva intrínseco un desdén, aquel ligero desprecio sempiterno que se emite contra el grupo cuya tez es color de más oscuro. En últimos tiempos a esos grupos se les llama BIPOC, un acrónimo en inglés que significa: black, indigenous and people of color. Y es precisamente esa micro-agresión racial la que, como sombrío nubarrón, se expande sobre los personajes hispanos de The Other Americans para martirizarlos en su cotidianidad.

The Other Americans es la primera obra dramática de John Leguizamo, una figura hispana primordial del espectáculo estadounidense que ahora se transforma en dramaturgo y se desliga, por completo, de su faceta de comediante. Tanto en la historia como en los personajes se identifican las influencias de varios escritores nacionales: Arthur Miller, August Wilson y Lorraine Hansberry. Estas brillantes plumas le sirven a Leguizamo para delinear sus personajes con profundidad y encaminarlos hacia un fatídico desenlace.
Porque los personajes de Leguizamo son apesumbrados al igual que los de Miller, explosivos como los de Wilson y resignados al estilo de Hansberry. Y si bien el texto de Leguizamo no alcanza la brillantez de los otros dramaturgos, sí trasciende en el impacto que tiene entre el público hispano, porque sus motivaciones y preocupaciones son las mismas de quienes han emigrado al país: sentido de pertenencia a la comunidad hispana pero con un creciente deseo de asimilar la cultura nacional para convertirse en los otros americanos, los güeros… los gringos.

Los otros americanos son la familia Castro, que se mudó de un barrio popular e hispano de Queens para un aburguesado vecindario en Brooklyn pero que nunca alcanzó la felicidad que les prometía el sueño americano. El efecto fue contrario, una crisis económica y familiar tiene la espada de Damocles pendiendo sobre sus cabezas. Leguizamo interpreta a Nelson Castro, patriarca de la familia y fallido empresario dueño de lavanderías; a Patti, su abnegada esposa le da vida Luna Lauren Vélez y ambos tienen dos hijos: la resiliente Toni (Rebecca Jiménez) y el frágil Nick (Trey Santiago-Hudson). El cuadro familiar lo completan la tía Norma (Rosa Evangelina Elizondo), la amiga Verónica (Sarah Nina Hayon) y el novio de Toni, Eddie (Bradley James Tejada).

Durante el primer acto, Leguizamo se instala en su reconocido y jocoso personaje de latino saleroso pero conforme avanza la trama su carácter evolucionará. Afortunadamente, el cuadro actoral es bastante sólido: Vélez, Elizondo y Hayon conforman un ensamble de complicidad femenina inquebrantable. Y por otro lado, los hijos interpretados por Rebecca Jiménez y Trey Santiago-Hudson plasman la auténtica tribulación que implica desafiar a la figura paterna, pues como señalaría Freud: el niño tiene que matar al padre para convertirse en adulto.

Sin llegar a ser una obra maestra, este primer texto de Leguizamo significa un gran primer paso en su carrera como dramaturgo y afortunadamente contó con la presencia de Rubén Santiago-Hudson, un director de origen hispano que posee la sensibilidad para encaminar este proyecto. A esto se suma la exquisita labor de Arnulfo Maldonado en la escenografía; la sincera y creíble confección del vestuario de parte de Kara Harmon y el diseño de iluminación (Jen Schriever) y sonido (Justin Ellington).
Mas la trascendencia de The Other Americans le viene también por elementos extrínsecos que, en este clima político, la convierten en un acto de resistencia lingüística y racial que exige su permanencia en el mosaico cultural que compone los Estados Unidos de América.










