Matt Rodin (Foto: Valerie Terranova)
Matt Rodin (Foto: Valerie Terranova)

Beau The Musical o el amor incondicional de los abuelos

El energizante musical, Beau The Musical, se presenta en un renovado y anticonvencional espacio escénico del St. Luke’s Theatre en Manhattan.
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Un superficial análisis colocaría a Beau The Musical en la categoría de los musicales de fórmula, aquellos que se hacen bajo una dosificada receta para lograr que sus elementos teatrales funcionen de manera balanceada: a un poco de drama se le añade algo de romance, otra dosis de suspenso y, tras una edificante moraleja, se rematan con un final feliz. Y si bien Beau The Musical es todo esto, también posee varias teatralidades que funcionan a su favor y lo convierten en una propuesta diferente.

Matt Rodin (Foto: Valerie Terranova)

Para comenzar está el lugar donde se efectúan las funciones, el St. Luke’s Theatre, que se ha convertido en un espacio escénico atípico donde todo ha sido dispuesto como si fuera un tradicional bar estadounidense con un pequeño escenario donde toca la banda, mesas y una barra para servir las bebidas. Desde luego, el recinto teatral ha sido transformado propositivamente para efectos de la narrativa: el montaje inicia con la presentación de un grupo musical que fue creado como parte de la historia, es decir, una banda musical que pareciera estar dando un concierto de verdad pero que lo que realmente ofrece es la puerta de entrada a la ficción teatral.

La compañía de Beau The Musical (Foto: Valerie Terranova)

Aunado a la disposición escénica está una iluminación de Japhy Weideman que, acertadamente, combina la presentación de la banda musical y las escenas de los personajes. Esto le permite al público diferenciar claramente entre las escenas dramáticas que se suceden en una historia que posee muchos saltos temporales. Debido a la ambientación en el bar, los actores están en estrecha cercanía con la audiencia, se mueven entre las mesas mientras tocan sus instrumentos… Aquí conviene aclarar que de los músicos en escena, ocho de ellos son los actores de la obra.

Matt Rodin y Max Sangerman (Foto: Valerie Terranova)

El trabajo del ensamble es sobresaliente por el despliegue de talento. El rol del joven protagonista, Ace Baker, recae en Matt Rodin quien realiza una excelente mancuerna con su abuelo Beau, interpretado por Jeb Brown (recientemente nominado al Tony por Dead Outlaw). Completan el cuado actoral: Amelia Cormack como Raven, la madre; Miyuki Miyagi es la amiga Daphney; Max Sangerman hace de Ferris, el novio adolescente; Derek Stoltenberg es Dennis; Ryan Halsaver es Larry, la pareja de la mamá y Andrea Goss quien da vida a varios personajes.

Jeb Brown (Foto: Valerie Terranova)

La historia de Beau The Musical parte de una sencilla anécdota: durante un concierto en un bar citadino -aquí es donde la vida parece imitar al arte y viceversa- el joven guitarrista queer, Ace Baker, narra la historia de cómo su vida cambió tras enterarse de que su abuelo materno todavía estaba vivo y decide entablar una relación con él a falta de una figura paterna. Durante años, el adolescente viajará de Nashville a Memphis para pasar los veranos con su abuelo: allí confesará sus escarceos homosexuales, confrontará a los demonios que lo obligan a flagelarse y aprenderá a tocar la guitarra que, al final, le conducirá a la redención. Mas lo increíblemente sorprendente de este relato es la insospechada reacción que despierta en el público. Durante la función presenciada, un incontable número de individuos lloraba inconsolablemente; todos ellos de diferentes edades, género y orientaciones.

Matt Rodin y Amelia Cormack (Foto: Valerie Terranova)

Vaya el reconocimiento a la doble labor del director y coreógrafo, Josh Rhodes (responsable de montajes en Broadway como Spamalot, Bright Star, Rodgers + Hammerstein’s Cinderella) quien logra elevar a un buen nivel la propuesta concebida por el dramaturgo Douglas Lyons, al conjuntarla con la agradable partitura del músico Ethan D. Pakchar y el letrista, Douglas Lyons. Esta banda sonora no es nada memorable pero sí se asemeja a un concierto del pop folclórico que se escucha con frecuencia en Tennessee.

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